Estaba Toni corriendo por el campo junto a su amante, de golpe se pararon los dos, se miraron y se empezaron a besar. Las manos se iban deslizando y acariciando los dos cuerpos. Pero algo inquieto a Toni y este se despertó y miro a su alrededor mientras iba mascullando. Por la sorpresa de Toni encontró a Esther encendiendo la luz y quejándose del hedor del lúgubre sitio. Toni se dispuso a bajar de su habitación a ver al otro invitado, Rubén. Aun así faltaba la tercera invitada del día que no tardo en dar señales de vida, diciendo que estaba a cinco minutos de llegar, Elizabeth ya llegaba. Los cuatro salieron a dar una vuelta por el monte y cruzar por en medio, entre rama y rama. Pero no por mucho tiempo ya que Esther se iba ese mismo día y la tuvieron que acompañar a la parada de autobús.
Ahora quedaban Toni, Rubén y Elizabeth, cenaron y decidieron irse a pasear en medio de la oscuridad de la noche. Con sus pasos llegaron a las afueras del pueblo y solo llevaban sus móviles para iluminar la carretera, estaban además atentos a todos los ruidos posibles, siempre llevando el miedo encima cuando de repente Toni deslumbro algo justo donde iba a poner el pie, era un gato muerto y fue por eso que salio corriendo. Detrás de el salió Elizabeth en saber porque corría y finalmente Rubén. Llegaron a casa riendo y directos a dormir porque el día siguiente habían de madrugar.
Por la mañana se dirigieron a la montaña e intentaron poder llegar pronto arriba. Rubén parecía un elfo, porque sus pies eran ágiles e iban flotando de roca en roca. En cambio Elizabeth iba al mismo ritmo que Toni. Una vez arriba comieron, luego los invitaron a comer y volvieron a comer. Después de tener las barrigas llenas bajaron de allí arriba porque en tres horas salía el autobús. Al llegar abajo hicieron la siesta y después Rubén y Elizabeth se marcharon.
Continuara…
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